Zozen comenzó como un apodo.
Visto desde aquí, el inicio de la historia se remonta a los años 1991–1992.
No podría precisar el período con mayor exactitud. Fue en un amigo mío donde nació el nombre. Ya por entonces vivía bajo el “hechizo” de Oriente, y una parte importante de sus días era la práctica del Zen y del kárate. Vio en mí la serenidad que por aquel entonces empezaba a despertar y, sin pensarlo demasiado, comenzó a llamarme así.
En los años 90 yo sabía muy poco sobre el Zen. La imagen que tenía era, sobre todo, la de monjes japoneses dibujando patrones en la arena, y parecía que para ellos eso era una ocupación satisfactoria. Así que llevaba el nombre, pero para mí no tenía un significado especial.
Mis conocimientos en este sentido no crecieron demasiado en los años siguientes. Me fui alejando de “Oriente” y, por períodos más largos o más cortos, la serenidad también quedó muy lejos de mí. Seguía mi camino sin meditación, sin Zen, sin presencia, sin equilibrio y sin calma. O quizá sea más preciso decir que iba de un lado a otro buscando mi propio camino.
Hicieron falta más de 30 años para que el nombre Zozen cobrara nueva vida en mí y empezara a reunir en una unidad las actividades iniciadas desde entonces. Aproximadamente ese mismo tiempo fue necesario para que pudiera ver en mí aquello que algunos amigos ya habían visto en mí hace mucho.
Hoy tampoco soy un practicante de Zen “típico”, pero estoy mucho más cerca de ello que en cualquier momento anterior. Para mí, el Zen significa presencia, el camino del “ahora”.